Buenos Aires, 17 de febrero de 1999
General Fernando Millán:
Le hacemos llegar por medio de nuestro representante legal, Dr. Sergio Schoklender, estas breves líneas para echar luz acerca de nuestras necesidades inmediatas.
Nuestro hijo, Federico José Bruno, murió en medio de un combate cumpliendo con su trabajo de reportero gráfico independiente. Usted lo sabe mejor que nosotros. Nosotros nos encargaremos de los detalles vinculados con ese enfrentamiento y de su esclarecimiento.
Por el momento, esta carta a lo único que aspira es a apelar a su sentido común, honor militar, o como quiera llamar a sus principios (damos por sentado que los tiene) para permitir que los negativos fotográficos y pertenencias (mochila, diario de viaje, cámaras fotográficas, etc) lleguen a nosotros, sus padres.
El objetivo de reencontrarnos con las fotografías de Federico no es sólo sentimental sino que tiene que ver con la reconstrucción de un ser particular.
Tampoco se limita a su último trabajo sino a trabajos anteriores. Perder ese material sería como perder el fémur de un dinosaurio. Si usted tiene sentido de la importancia de los registros históricos, no va a permitir que éste se pierda porque forma parte de la historia de su país.
En los diarios argentinos se reprodujeron dos fotografías extraídas de un material que usted declaró tener en su poder. Sabemos que el "secreto de sumario" pudo haber demorado el trámite de devolución de sus pertenencias. Pero ya pasaron más de cinco meses.
También contamos con que el sentido común y el honor a la verdad permita conocer la realidad que, cámara mediante, aparecía del otro lado del ojo de Federico (antes de que fuera destruido de un balazo).
Queremos, además, hacerle saber que nuestro hijo tenía dos preocupaciones: la de informar con objetividad y conocimiento profundo la realidad con la que convivía y la de llegar a disfrutar de la paz en Colombia. El amaba ese pueblo de nuestra América.
El hecho de trabajar como reportero gráfico independiente dificultó su situación. En su última llamada telefónica, nos hizo saber que su permanencia legal en el país iba a complicarse pero que no estaba dispuesto a regresar sin haber concluido su trabajo.
El ser reportero gráfico independiente implica que alguien va en nombre de nadie. Sin embargo, Federico iba y habría seguido yendo por el mundo en nombre de todos, especialmente a aquellos lugares donde, como en Colombia, los hermanos se matan para salvaguardar los intereses de unos pocos.
Cuando Federico partió, nos dijo: "me voy al peor lugar del mundo". Esto evidencia que no era un periodista novato, ni inocente, sino que era conciente de que su trabajo implicaba un alto riesgo, un riesgo que, por la importancia que tenía para él, justificaba hasta su propia muerte. Esto hace que su ausencia física sea para nosotros no sólo tolerable sino más que digna.
Nos atrevemos a expresar el deseo más profundo de Federico: por el ejército, por la guerrilla, por los campesinos, por las madres y los niños de su país que la paz se instale en Colombia y les permita una convivencia como la que Dios querría para todos los hombres del mundo.
| Ingeniero José A. Bruno | Licenciada Azucena I. Semería de Bruno |
| Daniela
Bruno (Periodista) |
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c/c al Sr. Presidente de Colombia.