Martínez (Bs.As.- Argentina) 13 de febrero de 1999

Excelentísimo Sr. Presidente de la República de Colombia.

Andrés Pastrana:

Nos atrevemos a dirigirnos a usted porque, tal vez como usted al final del día, nos sentimos inmersos en la soledad y pensamos largamente en cuál es el leño al que debemos aferrarnos.

Usted, como presidente de Colombia, es patria y, como patria, es padre de miles de hombres que afrontan, sufren o mueren en una guerra civil.

Nuestra paternidad y maternidad es menos numerosa pero no por eso menos importante, porque creemos que un hombre es todos los Hombres y el compromiso que uno adquiere con cualquiera de los seres diseminados por el planeta es único pero también transferible a todos aquellos que necesiten de nosotros cuando "ese uno" ya no está.

Nuestro hijo, Federico José Bruno, murió en Colombia, Bucaramanga (Norte de Santander) en un enfrentamiento entre el ejército (5ta. Brigada a cargo del general F. Millán) y el E.L.N.

Los detalles están en la denuncia que adjuntamos.

Federico está sepultado en su ciudad natal. Eso da paz. Pero no seríamos dignos de ser los padres que él sintió que tenía, ni del hijo que nosotros sabíamos que teníamos, si no siguiéramos adelante con una lucha que, no nos va a devolver la vida de nuestro muchacho pero que creemos que va a servir para que otros, como él, se atrevan a desentrañar lo más profundo de la realidad de los pueblos.

Federico amaba a Colombia sin sectarismos; perdón, corregimos esta aseveración porque sabemos que había un sector que nuestro hijo rechazaba: los paramilitares. Federico estaba en contra de todo lo que estuviera al costado de lo institucionalmente aceptado por la democracia y las constituciones de los pueblos. En nuestro país, no aceptó a la Triple A; en Brasil, no aceptó a los Escuadrones de la Muerte; tampoco a los Gurkhas, en nuestra guerra por la recuperación de las Islas Malvinas.

Federico era frontal, no toleraba organizaciones híbridas ni confusas, ni movimientos armados que no tuvieran que ver con el cumplimiento del deber (como sería el caso de algunos miembros del ejército colombiano) o con la lucha por un ideal que tiene que ver con la necesidad suprema de los pueblos.

Federico no habría aceptado jamás a los paramilitares porque están armados con el fusil del odio y, cuando los fusiles disparan sólo mierda, del otro lado hay, simplemente, cagones.

Después de esta digresión, reiteramos que Federico amaba no solamente al pueblo colombiano sino también a los más desgraciados de la tierra.

A modo de síntesis, le contamos que, después de una importante formación en el ámbito militar, nuestro hijo le dijo adiós a las armas. En ese momento, reemplazó el fusil por una máquina fotográfica. Se formó como cineasta y fotógrafo para registrar, mostrar, denunciar e informar, con objetividad, como reportero gráfico independiente, a través de la imagen y de la palabra.

Sabemos, con certeza, que no estaba dispuesto a matar. Pero murió en Colombia. Y el ejército colombiano manifestó que, de entre sus fotografías (varios rollos) encontraron cinco o seis imágenes en las que se lo veía vestido con el uniforme del E.L.N. y armado. De hecho, a partir de esta información que se hizo pública, demandamos la restitución de todo su material.

Nuestro hijo salió de casa vestido, con mochila en su espalda, con máquinas fotográficas profesionales al hombro y volvió desnudo, muerto y en las condiciones que la denuncia describe prolijamente. Por consiguiente, no vamos a extendernos en este punto. Sólo queremos hacerle conocer nuestras necesidades como padres de Federico José Bruno y no sólo en nombre de él sino también en el de todos los reporteros gráficos internacionales, muchos de los cuales, tal vez, no hayan tenido la posibilidad de lograr una comunicación tan franca, continua y fluida como la que tuvimos nosotros con nuestro hijo.

Solicitamos, concretamente:

Queremos decirle, en nombre de Federico, que, la última vez que se comunicó telefónicamente, nos dijo: "se vienen tiempos de paz, Pastrana puede lograrlo".

Sabemos que él no hubiera condenado al ejército a pesar de que lo mataron, -si hubiese sucedido durante un enfrentamiento-, porque conocía las reglas del juego. Pero él y nosotros condenamos a ese ejército si lo hizo víctima de un fusilamiento.

Sabemos que le dolía Colombia porque vivió en su miseria muchos meses y compartió la vida cotidiana de sus campesinos.

Sabemos que, profesional y humanamente, respetaba a los hombres de la guerrilla porque entendía que sólo las necesidades supremas y los altos ideales justifican ese modo de vida, un modo de vida que apunta a lograr una Colombia en paz pero con dignidad social.

Federico no admite otro rótulo que el de ser un humanista cristiano, fuertemente pacifista.

La esperanza de que usted sea el gestor de esa paz nos lleva a escribirle. Sabemos que es muy difícil, que las piezas en su tablero de ajedrez se deben mover a velocidad vertiginosa. Pero, usted aceptó el reto cuando se postuló como Presidente; nuestro hijo, también, cuando viajó a su país.

Estamos dispuestos a hacernos cargo de estas demandas en forma personal. De hecho, habíamos programado viajar a Colombia en enero. Pero las informaciones periodísticas y asesores amigos nos dijeron que era casi un suicidio.

Esperamos que su país otorgue, lo más rápidamente, un mínimo de seguridad para que gente como nosotros, que necesita registrar las últimas huellas de su hijo, pueda encontrar su material profesional y terminar su trabajo.

Pensamos que esta carta puede sumirnos, aún más, en la soledad de la no respuesta, porque es la demanda de uno frente a la de tantos. Pero vamos a seguir peleando. Nuestra voz va a llegar al último rincón de la tierra. Federico no tiene una familia formada por papá, mamá y una hermana. Federico tiene un ejército de combatientes sin armas de fuego, de combatientes armados con la razón. Detrás de nosotros están todos los que lo conocieron aquí y allá, los que saben quién era y qué quería.

Confiamos en que, a pesar de la dura batalla que usted libera cada día, podamos contarlo en nuestras filas de luchadores por la paz. Y, por favor, con todo respeto, no lo olvide : un hombre es siempre, y a veces especialmente, todos los Hombres.

Que la paz sea una realidad para Colombia.

Con todo nuestro respeto.

José A. Bruno Azucena I. Semería de Bruno
Daniela Bruno

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